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La Celestina

Alma Mater del drama europeo, desde siempre me ha intrigado la Tragicomedia de Calisto y Melibea o La Celestina de Fernando Rojas. Escrita en la época del descubrimiento del Nuevo Mundo, esa obra de gran complejidad, tenía poder y magia para interesar a un norteamericano. Como pueblos colonizados, siempre hemos sido atraídos por los Molière, Racine, Shakespeare, para comprender a los clásicos. Tal como Cristóbal Colón salió al encuentro de un nuevo mundo, he tenido la suerte y la felicidad de descubrir a todo un continente tras la lectura de La Celestina.

Hace más o menos diez años, cuando era director artístico del “Centre National des Arts” (Centro Nacional de Artes) en Ottawa, le solicité a Michel Garneau - gran poeta del escenario quebequense – hacer una adaptación de la tragicomedia humanística de Rojas. Posteriormente se me presentó la oportunidad de montar la obra en una cooproducción con España. Enfrentarse a tal monumento dramático en tierra española era para mí un gran desafío. La adaptación del libretista Michel Garneau nos permitió tomar distancia y libertad para darle una nueva vitalidad a la versión original. No se trataba de despolvorar a un gran clásico, sino de encontrarle a la obra una resonancia contemporánea tras la visión de un norteamericano.

Robert Lepage.
Fotografia de Sophie Grenier
   
En el Maëlstrom de ideas y corrientes de final del siglo XV, en Burgos y Salamanca, el mundo estaba en efervescencia. Hoy día nuevamente nos encontramos en un torbellino similar en el cual florecen culturas diferentes y se enfrentan convicciones morales, políticas y religiosas de toda clase. Por esa razón pienso que era el momento oportuno para explorar La Celestina, fuente importante del drama mundial.

Para dar a luz a ese ambicioso proyecto, nos hemos tomado el tiempo de madurarlo para realizarlo en las mejores condiciones posibles. Una peregrinación a Salamanca - ciudad cuna del autor - nos ha permitido sustentarnos espiritualmente, varios encuentros nos han enriquecido culturalmente, muchas lecturas nos han transportado a lugares hasta entonces desconocidos. Y por casualidad llegó la revelación. En el marco de otro proyecto de trabajo con la Señora Nuria Espert, de repente me sentí fulminado: ¡ Frente a mí se encontraba parada La Celestina! Al encontrarse uno así su Celestina, no hay más que hacer sino que dejarse embrujar en el universo de Fernando Rojas. Tras el acuerdo de la muy estimada Señora Nuria Espert, tenía yo unas sólidas bases y un formidable apoyo para iniziar esa maravillosa aventura...

Vivirla hoy plenamente ¡qué felicidad!
Robert Lepage